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España, o capta fondos europeos para innovación, o está perdida.

17/03/2008 Quienes deben liderar los proyectos de investigación son las empresas, si no la cosa no funciona.

Faustino Obeso Carrera, director de investigación, desarrollo e innovación de Arcelor-Mittal Asturias, es también el representante español en la plataforma tecnológica del acero en Europa. Y, además, quien coordina el proyecto de la ciudad ecotecnológica, en el que Arcelor y Acciona son los dos socios de referencia y en el que participan, en total, treinta empresas, centros tecnológicos y universidades. El proyecto comenzó el 1 de julio. La base del mismo es la construcción modular de viviendas con acero en vez de cemento. «Hasta ahora tenemos un montón de mano de obra, con inmigrantes, en la construcción. Pero eso se acaba. Primero, porque para construir una casa no se necesita estar dos años en un sitio. Se puede construir en una fábrica y después se ensambla entera. También tenemos la idea de estandarizar. Este tipo de construcción también permite hacer cambios en el piso, según las necesidades de cada momento», explica Obeso, quien también señala que el uso del acero como base de la construcción ya es común en otros países: «En España tenemos la mentalidad del cemento. En otras partes no, como en Inglaterra, Suecia, Finlandia y Rusia, donde construyen en acero».
-El proyecto parece que será muy beneficioso para Arcelor.

-No sólo. Estamos promoviendo la creación de empleo en Asturias. El grupo Temper también piensa crecer con este proyecto. A Modultec la están llamando desde todas partes de Europa para participar en proyectos de investigación, como fruto de este proyecto.
-¿Tienen ya algún resultado?

-Tenemos unos primeros resultados muy espectaculares, en aceros autolimpiables. Usaremos principalmente acero en la construcción, pero también composites. El acero autolimpiable permite que, al caerle una gota de agua, ésta no se adhiera al acero y, además, salga y lleve toda la suciedad por delante. Es algo similar a lo que en vidrio ya se está viendo en los limpiaparabrisas de los coches. Nosotros lo estamos haciendo sobre acero galvanizado, que lleva un recubrimiento especial que es el que hace que sea autolimpiable.
-¿Qué aplicación tendrá ese acero autolimpiable?

-No sabemos si lo tendrá en el sector del automóvil. Pero en la construcción pensamos que sí.
-¿Qué más?

-Queremos generar energía en las fachadas o en los tejados recubriendo el acero con silicio para formar células fotoeléctricas. Vamos a utilizar sílice amorfo, que es más abundante y barato que el cristalino. Tiene un rendimiento bajo, pero un precio también bajo. La investigación se hará en la sede del Itma en Avilés. Las células fotoeléctricas actuales bajan mucho el rendimiento con altas temperaturas. Eso es un asunto que queremos solucionar con el acero, que además es flexible y muy barato.
-¿Es clave el precio?

-Nosotros buscamos una alternativa barata. En ese aspecto, el acero tiene ventaja sobre el vidrio. El vidrio no tiene flexibilidad, pero una banda de acero sí y, por tanto, se puede adaptar a situaciones muy diferentes. Pensamos que puede haber un gran mercado.
-¿Qué plazos manejan?

-La otra empresa grande que participa en el proyecto, Acciona, quiere adelantar el proyecto y piensan que vamos a tener resultados a corto plazo. A mí me gusta ser más conservador. Prefiero ir paso a paso, sobre seguro. No vamos a pretender dar un salto y caernos todos. El fin del proyecto es 2010. No tenemos otras previsiones comercializadoras primero. Los primeros resultados para comercializar se lograrán en el área de domótica, que es en el que se desenvuelve el grupo Temper. Se trata de colocar sensores del control energético del edificio. El control de la energía es muy importante. Aquí vamos a tener energía solar térmica, para calentar agua; solar fotovoltaica, para generar electricidad, y cogeneración, con gas natural. Queremos que el dueño de la vivienda pueda ver en todo momento qué es lo que está consumiendo y qué es lo que está generando. Ésta es una parte del proyecto en la que queremos ya sacar algo en un plazo de dos años y ponerlo en el mercado antes de que acabe el proyecto, que tiene un plazo de tres años y medio.
-Parece un sistema revolucionario en la construcción de edificios.

-El proyecto es la ciudad ecotecnológica. No estamos hablando sólo de un edificio, estamos hablando de un barrio. Por ejemplo, tenemos que ver cuestiones de accesibilidad, como la colocación de pasillos mecánicos para ir de un sitio a otro, aunque eso está aún sin definir. La altura de los edificios que estamos estudiando es de hasta cinco pisos.
-Una de las primeras pruebas la harán dentro del plan especial de Cabueñes.
-Queremos hacer pruebas en el centro, en el norte y en el sur de España. El primero que se dirigió a nosotros fue el Ayuntamiento de Madrid. La Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid está participando como socio del proyecto. Ellos han buscado suelo en Vallecas que han puesto a nuestra disposición para que hagamos una planificación para construir viviendas sociales. El Ayuntamiento de Gijón puso a nuestra disposición el suelo que hay junto al Parque Tecnológico, para que propongamos qué se puede hacer. Nosotros propondremos qué se puede hacer ahí, pero después será la iniciativa privada la que decidirá si lo hace. Ya hay constructores que se han mostrado interesados.
-¿Cuáles son los objetivos del proyecto?

-El objetivo final es lograr edificios energéticamente eficientes, que se abastezcan lo más posible. La energía solar se vende a la red por el doble de lo que cuesta producirla. Es un negocio bastante claro. Hoy en día, por ejemplo, en Valencia se están alquilando los tejados de naves industriales para explotar la energía solar. También está todo el asunto del reciclaje, que para nosotros es fundamental. El acero es cien por cien reciclable. Estos edificios se podrán reciclar completamente cuando acaben su vida útil. Lo que buscamos es lograr residuos cero. Acciona está trabajando en el reciclado de composites.
-¿Tendrán mejor mantenimiento esos edificios que los convencionales?

-Los materiales van avanzando y yo pienso que el mantenimiento será más sencillo que el de un edificio convencional. Tenemos que diseñarlo para que el mantenimiento no sea costoso.
-Dice que el proyecto reportará beneficios para Asturias.

-El consorcio permite a las empresas asturianas que no estaban metidas en estos campos entrar. Ya están Modultec, Temper, Satec y AST. Estamos dando valor añadido a empresas asturianas que al final pueden tirar de otras. Por ejemplo, los pasillos mecánicos para los barrios lo lógico es que los haga Thyssen, que sabe y que está en Asturias.
-Y los costes de una vivienda avanzada, ¿serán más caros?

-Depende del plazo de amortización del que estemos hablando. En la actualidad se están instalando huertos solares financiados con préstamos que amortizan a los diez años. Después lo que hacen es generar dinero. Ésa es la realidad. En estos edificios, la generación eléctrica también supondrá una rentabilidad a medio plazo. En un principio, pueden ser más caros por las células solares, pero cuando la producción de éstas se masifique, bajarán los precios. Por eso creemos que vamos a hacerlos con precios competitivos, porque si no, no se venden.
-¿Cuál es la referencia mundial en la investigación sobre energía solar?

-En Silicon Valley hay un montón de gente metida en este campo, porque creen que el futuro va por ahí. También investigan recubrimientos orgánicos para sustituir al silicio en las células solares, pero yo creo que a esa investigación aún le faltan diez años de desarrollo.
-¿Se ciñe el proyecto a la aplicación de nuevas tecnologías a la edificación?

-No sólo tecnología, sino algo más. Importa, por ejemplo, el diseño de los edificios, cómo se orientan y dónde se colocan los generadores de energía. Por ejemplo, Acciona tiene un edificio en Pamplona de emisiones cero. Cuando estuve allí, en el exterior había 9 grados y dentro 23, sin emitir nada de CO2. Simplemente con la generación que estaban haciendo. Usaban, entre otras fuentes, energía geotérmica, que es otra fuente de energía con un alto potencial, al aprovechar la diferencia entre la temperatura del agua y la ambiental.
-¿Puede hablarnos de algún otro proyecto del Itma?

-En el Itma de Avilés se trabaja en temas de nuevos aceros. Ahora estamos desarrollando acero especial para plataformas petrolíferas, que tienen que resistir presiones y temperaturas extremas. Los aceros para las plataformas del norte de Europa se producen en Japón.
-¿Alguno más?

-Intentamos bajar peso en el acero para la construcción. ¿Por qué no podemos aplicar todo el acero del automóvil a la edificación? De ese modo bajamos peso, lo que quiere decir que gastamos menos energía para producirlo. En el fondo el coste energético nos va a condicionar todo en el futuro.
-¿La clave del futuro estará en la energía?

-Hablamos de desarrollo sostenible, porque el petróleo se va a acabar algún día. Hay que buscar alternativas, como las que he dicho. Otras también, como la energía mareomotriz, con la que también hay grandes esperanzas. También se investiga para producir biodiésel sin que afecte a los precios de los productos alimenticios.
-En estos momentos están parados todos los proyectos de nuevas plantas de biodiésel en España por los costes de producción. ¿Será rentable en el futuro esta energía?

-En los biocarburantes el problema es cuál es la materia prima. Se está investigando en el empleo de algas, cultivándolas dentro de tubos que se pueden poner en un prau. La pelea ahora está en ver quién lo hace primero y en cuánto tiempo son capaces de reproducirse esas algas. Hay equipos de investigación sobre ese asunto en España y en el extranjero.
-Iberdrola está buscando empresas del metal asturianas para participar en la construcción del Iter, el reactor termonuclear experimental que se construirá en Francia.

-No conozco el proyecto, pero sí conozco a las empresas asturianas y creo que tienen suficiente capacidad y tecnología como para meterse en esos temas. Creo que puede ser una oportunidad para el posicionamiento de empresas asturianas.
-¿Cuál es la diferencia respecto a cómo se hacían proyectos de investigación con anterioridad?

-Hasta ahora se estaba actuando por libre. Por un lado, los centros de investigación; por otro, las universidades, y, por otro, las empresas. Lo que sí dijimos es: cuando hagamos un proyecto, vayamos un «lobby» español a Bruselas. Queremos que se acabe el ir cada uno por su cuenta. Si un centro de investigación de aquí va con una empresa de fuera, ¿qué valor queda para aquí? No queremos controlar los centros de investigación, pero sí orientar lo que pueden hacer y qué es lo que debemos hacer para apoyar al tejido industrial y tecnológico de la región o de España.
-¿Destina suficientes fondos Europa a la investigación?

-Los mayores fondos de la Unión Europea en estos momentos están en investigación. Hoy en día España está pagando más cuota de la que recibe. Eso significa que estamos financiando la investigación de otros países.
-¿Por qué se produce esa situación que describe?

-Cada país de la UE pone dinero en un fondo común que después se reparte de forma competitiva; cada centro de investigación y cada Universidad va a por ese dinero. Nosotros ponemos un 8% del fondo y recibimos un 6%. Sólo recibimos más en los proyectos de los sectores del carbón y del acero, donde somos los segundos de Europa, por detrás de Alemania.
-¿Solución?

-Nos tenemos que posicionar todos, los centros tecnológicos, la Universidad y las empresas. La forma de operar para conseguir estos fondos hasta ahora era enviar proyectos a la Comisión Europea, que los aprobaba o rechazaba. Ahora una parte de los fondos se va a distribuir de otro modo, entregando fondos directamente a un consorcio grande de empresas que forme una «joint tecnological initiative», una JTI, para que investigue lo que quiera en un área determinada. Eso, por ejemplo, es lo que va a pasar con la investigación aeronáutica. Ahí, o nos posicionamos, o estamos perdidos. En aeronáutica España está bien posicionada. Eso también se está intentando en la construcción de edificios eficientes, con un consorcio liderado por Acciona en el que también está Arcelor. Si Bruselas aprueba esa JTI liderada por Acciona, se piensa que se pueden obtener 200 millones de euros anuales durante diez años para la investigación. Es una de esas iniciativas donde Asturias no puede quedar al margen. Y no sólo las grandes empresas, sino también las pymes.
-¿Por qué se cambia el sistema de investigación en Europa?

-Con la cuestión de las plataformas tecnológicas se veía que Europa se estaba quedando atrás respecto a Estados Unidos, clarísimamente. No es lo mismo que te diseñen una estrategia de investigación, desarrollo e innovación técnicos de la Unión Europea que lo definan los propios sectores y negocios. ¿Sabe un técnico de la UE tanto como alguien que está vendiendo y en la calle y que sabe qué es lo que están haciendo sus competidores?
-¿Qué se puede hacer desde Asturias?
-Estar con los ojos abiertos, mirando hacia el exterior, no hacia nosotros mismos. Hay que saber por dónde van los tiros, porque si no nos quedamos fuera de juego. La clave es posicionarse en las plataformas tecnológicas europeas.
-¿Cree que en el ámbito político se comparte esa inquietud por estar presente en las plataformas tecnológicas?

-Sí, pero quienes tienen que estar son las empresas. Hay un cambio significativo respecto a cómo se dirigía antes la investigación. Ahora no lideran los proyectos las universidades ni los centros tecnológicos: son las empresas. Y cuando no es así, la cosa no funciona. Las plataformas son lideradas por las empresas.
-Hay quien apuesta por la pujanza de los servicios y el turismo en Asturias.

-Asturias es industrial y debe seguir siendo industrial. Yo no lo veo de otra forma. En Asturias hay que apostar por la transformación de los productos. Eso es algo que tienen muy claro en el País Vasco.
-¿Cree que es clara la apuesta de la Administración por la innovación?
-Creo que la Administración tiene una apuesta clara por todo lo que tiene que ver con la innovación, porque es lo que está en el centro de la competitividad. Y al final, si una empresa no es competitiva, acaba cerrando. Y no se puede ser competitivo a cualquier precio, por ejemplo, contaminando más. Lo que hay que hacer es desarrollar tecnologías que, además, también se pueden vender. Y valorizando los residuos mediante el reciclaje. El futuro va por ahí. Es importante también convencer a las pequeñas empresas de esto.
-¿Cree acertada la apuesta del Gobierno autonómico por la industria energética en Asturias con los planes para centrales de gas?

-Creo que es importante, pero también está toda la cuestión de energías alternativas, porque el petróleo se va a acabar. Las torres eólicas que están instaladas hoy en día tienen una capacidad de generación de un megavatio. En el plazo de cinco años tendrán una potencia de nueve megavatios. También tiene mucho futuro la energía solar, que en diez años podrá producir a precios competitivos en el mercado.
-La producción de energía eólica tiene un impacto visual.

-Si queremos energías alternativas, algo tendremos que sacrificar.
-¿Cuál es su postura respecto a la energía nuclear?

-Creo que hay que solucionar el problema de los residuos. Hay quien dice que, si no producimos con energía nuclear, podemos perder competitividad. Otros dicen que, si sumamos todos los costes, incluidos los de construcción de una central y la gestión de los residuos, sale más caro. Sé que se está trabajando para alargar la vida de las centrales nucleares existentes. No podría dar una opinión personal. La producción energética debe ser competitiva, porque si no las empresas quedan fuera del mercado. Creo que es un asunto que debe ser abordado a nivel europeo, porque ¿qué pasa si se coloca una central nuclear cerca de una frontera?

Fuente: La Nueva España
Faustino ObesoFaustino Obeso

 
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